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Cala de Sant Vicenç: El norte tranquilo de Mallorca

Conduces por el extremo norte de Mallorca y la sierra de Tramuntana acaba chocando directamente contra el mar. Allí está Cala de Sant Vicenç. Es un pueblo muy pequeño. Olvídate de los grandes complejos turísticos y del ruido constante de otras zonas de la isla porque aquí vienes a escuchar el agua.

El agua y la piedra

Hay cuatro calas distintas en este tramo de costa. Cala Barques es la primera que te encuentras al llegar al pueblo y la más grande de todas. Tiene arena blanca muy fina. El fondo marino resulta perfecto para hacer snorkel y tradicionalmente ha contado con servicios básicos como alquiler de hamacas o algún chiringuito, aunque mejor no des por sentado que todo sigue abierto o funcionando igual esta temporada.

Cala Molins está literalmente al lado. Una pequeña punta de roca la separa de la anterior. Puedes cruzar nadando o incluso caminando si la marea baja lo permite. Es un espacio parecido en cuanto a la claridad del agua pero algo más cerrado.

Luego tienes opciones más apartadas. Llegas a Cala Clara por un sendero desde Molins o directamente en barco. El entorno es de pinos y roca pura. Hay mucha menos gente.

Y si sigues buscando te toparás con Cala Carbó. Es la más pequeña de las cuatro. No esperes arena porque está formada por cantos rodados y el acceso a pie te va a exigir cierto esfuerzo por el camino. A cambio casi nadie baja hasta allí.

Caminos y asfalto en la sierra

El pueblo funciona muy bien para moverte por el norte de la Tramuntana. Desde las mismas calles salen rutas que se meten en la montaña, como la subida hacia el Faro de Formentor. Cansa bastante. Las vistas sobre los acantilados compensan el esfuerzo físico de sobra.

Para hacer algo más tranquilo puedes simplemente caminar bordeando la costa hacia las calas vecinas.

Si traes bicicleta te interesa la MA-2211. Es la carretera de acceso. Serpentea por la montaña y tiene miradores donde puedes parar el coche un segundo para mirar el paisaje, una ruta que los ciclistas experimentados tienen muy marcada en el mapa por el reto constante de las curvas y el desnivel.

Logística para llegar y aparcar

Viniendo en coche desde Puerto Pollensa o Alcúdia tienes que tomar el desvío hacia el Cap de Formentor siguiendo las señales. El autobús llega. Pero pasa muy de vez en cuando, sobre todo si viajas fuera de los meses fuertes de verano, así que mírate bien los horarios antes de salir.

Meter el coche en pleno julio o agosto es complicado. A la entrada del pueblo suele haber un parking público de pago bastante grande con vistas sobre la costa. Paga y déjalo ahí para no perder la mañana dando vueltas por calles estrechas.

Dormir en el mismo pueblo requiere planificación previa. Hay pocas plazas repartidas entre algunos hoteles de gestión familiar y villas de alquiler. En verano todo se llena rápido. Para comer, los locales de la zona siempre han tirado de pescado fresco y marisco. Cenar cerca del agua al atardecer es una buena forma de cerrar el día, asumiendo que los restaurantes de toda la vida mantengan sus puertas abiertas hoy en día.

Coge el coche un rato para ver un par de cosas más por los alrededores. Acércate al pueblo de Sant Vicenç de sa Cala para ver su iglesia fortificada. Las guías de la zona también marcan una excursión clásica en coche hasta las ruinas de la Torre d’en Valls. Desde esa antigua torre de defensa costera tienes unas vistas enormes del mar y de la isla de Tagomago.