Llegar a Valldemossa te lleva unos 20 minutos en coche desde Palma. Subes directo hacia la Sierra de Tramuntana. Es un trayecto corto. El rey Jaume II mandó construir el recinto principal de este pueblo en el siglo XIV para su hijo, y después el edificio pasó a manos de la Orden de los Cartujos, que lo ocuparon de forma continuada hasta la desamortización del año 1835.
La estancia en la celda número 4
Hoy puedes entrar a ver la iglesia barroca y la antigua farmacia de los monjes. Pero la parte con más historia de la Real Cartuja tiene que ver con los inquilinos que llegaron después. Frédéric Chopin y George Sand se instalaron aquí en el invierno de 1838 a 1839. Él arrastraba problemas de salud. Pasaron bastante frío en esas habitaciones de piedra, y de hecho ella dejó por escrito en su libro «Un invierno en Mallorca» que la experiencia en la isla estuvo lejos de ser un retiro idílico.
A pesar de la incomodidad y de la enfermedad, Chopin compuso varias de sus obras más conocidas dentro de la celda número 4 de este antiguo monasterio.
Las placas de las fachadas
Casi todas las casas del centro tienen un azulejo junto a la puerta de entrada. Son pequeñas cerámicas que muestran escenas de la vida de Santa Catalina Thomàs, la única santa mallorquina, que nació en estas mismas calles en el siglo XVI. Las ves mientras subes por las cuestas empedradas entre fachadas cubiertas de buganvillas hasta llegar a la plaza principal.
Allí está la iglesia parroquial de Sant Bartomeu, que tiene origen gótico. En los comercios de esta zona venden licores artesanos y la tradicional coca de patata. Es un dulce de masa muy esponjosa que la gente suele comprar para llevar.
Dos espacios sobre la sierra
Hay un par de recintos en el pueblo dedicados al entorno natural y artístico de la zona. La Fundación Coll Bardolet expone los cuadros de este pintor catalán, muy centrado en los paisajes de la propia Tramuntana. Y luego tienes el Centro Cultural Costa Nord, un proyecto que impulsó el actor Michael Douglas para explicar la ecología local y la figura del Archiduque Luis Salvador de Austria.
Al tratarse de iniciativas que llevan bastantes años abiertas, conviene preguntar en la oficina de turismo si ambos centros mantienen su exposición original o si han cambiado los horarios de apertura al público.
La carretera de bajada al mar
Bajar a la costa requiere paciencia al volante. El Port de Valldemossa está a 6 kilómetros del centro por una carretera llena de curvas muy cerradas que termina en una pequeña cala de pescadores. Los textos turísticos antiguos siempre mencionan un chiringuito a pie de agua donde servían pescado fresco, aunque con el paso de las décadas este tipo de negocios costeros a veces cambian de dueños o de concepto, así que es mejor comprobar si sigue funcionando antes de organizar la comida allí.
Para caminar por la montaña, la ruta hacia la Ermita de la Trinidad atraviesa un bosque de encinas y olivos. Son unos 3 kilómetros de distancia desde el pueblo. Arriba vive una comunidad religiosa muy reducida.
Otra parada en la zona es la finca de Miramar. Jaume II la fundó en su momento por consejo de Ramon Llull. El Archiduque Luis Salvador la acabó comprando y restaurando en el siglo XIX, y hoy conserva unos jardines con vistas directas al mar y un museo dedicado a la cartografía antigua.
Organización básica en el centro
Con medio día tienes tiempo suficiente para ver la Cartuja y recorrer el centro de Valldemossa andando. La oficina de turismo está justo en la Avenida de Palma, en la entrada del municipio. Puedes parar ahí lo primero para pedir un mapa de las calles o confirmar a qué hora abren los monumentos principales esa temporada.
