El fuego toma las calles de Santa Margalida este viernes 4 de septiembre. El correfoc empieza a las 22:00 horas. Es el acto central de las Festes de la Beata y consiste en grupos de diablos que persiguen al público con bengalas por todo el casco antiguo. La temperatura nocturna en Mallorca a principios de septiembre todavía supera los 25 grados. El calor de la pirotecnia y el humo denso de la pólvora hacen que el aire se vuelva casi irrespirable a los pocos minutos de arrancar.
La ruta de los demonios
Esa misma pólvora empieza a quemarse en la Plaça de l’Església. La colla local de los Dimonis de Hiachat enciende los primeros petardos y sus tambores marcan el ritmo de salida. Y este año traen invitados. El grupo Sa Fil·loxera de l’Infern viaja desde Binissalem con su propio bestiario para sumarse a la persecución por el pueblo.
El recorrido baja primero por la calle Constitució. Pasa por Baltasar Calafat i Femenia y cruza enseguida hacia la calle Cladera. Luego los portadores del fuego giran en Doctor Calafat. El trayecto termina en el Passeig des Pouàs. Allí queman el resto del material en una traca enorme que deja el asfalto cubierto de una capa negra de ceniza y trozos de cartón chamuscado.
Cortes de calle y seguridad
Los restos de esa ceniza tardan varios días en desaparecer del suelo. El ayuntamiento prohíbe aparcar vehículos en todo el trazado desde primera hora de la mañana. Los vecinos de estas calles tapan los cristales de las ventanas con cartones gruesos pegados con cinta americana para que las chispas no fundan el vidrio. Tienes que acordarte también de retirar cualquier toalla o ropa tendida en los balcones.
Meterse bajo el fuego es decisión tuya. Nadie asume la responsabilidad legal si sufres una quemadura durante las carreras. Las chispas atraviesan la ropa sintética al instante, así que necesitas llevar pantalones vaqueros o sudaderas de algodón muy grueso con manga larga. Unas zapatillas deportivas viejas son la única forma de no resbalar cuando el pavimento se llena de restos de pólvora.
Cúbrete el pelo con un pañuelo de algodón bien apretado. Unas gafas de trabajo protegen los ojos del humo constante y los tapones evitan el daño en los oídos por las explosiones que ocurren a escasos centímetros de tu cara.
Pero la regla principal afecta a los propios participantes del espectáculo. Nunca debes tocar a los demonios ni tirar de sus herramientas pirotécnicas mientras corren entre la multitud. Si tropiezas o te quemas, hay una carpa de asistencia sanitaria instalada cerca del final de la ruta para atender las urgencias sobre la marcha.
