Bajas unas escaleras encajonadas entre edificios y pisas de golpe arena fina y blanca. La playa apenas mide 45 metros de largo por 50 de ancho. Es muy pequeña. Y se nota enseguida cuando llegas en pleno verano y cuesta ver huecos libres para extender la toalla.
Cala Molins pertenece a la urbanización de Cala Sant Vicenç en el municipio de Pollença. Las vistas desde la orilla justifican la cantidad de turistas que vienen a pasar la mañana entera al sol. El agua se mantiene muy tranquila para bañarse sin sobresaltos o meterte a bucear un rato con las gafas.
En verano el mar en esta zona arrastra bastantes medusas. Conviene mirar bien el agua antes de lanzarse de cabeza.
Servicios y entorno
Aquí no pisas piedras ni rocas. La playa cuenta con Bandera Azul y una pasarela de madera para personas con movilidad reducida. Hay papeleras repartidas por la arena. Tienes duchas públicas y lavabos justo junto a los accesos.
Si te entra hambre tienes que salir de la arena. Hay varios restaurantes a un par de minutos andando por la calle asfaltada de la urbanización. En la propia orilla no vas a encontrar ningún quiosco para comprar agua o tomar un helado.
Todo el entorno semiurbano está bastante vigilado. Hay socorristas atentos al baño y un puesto fijo de la Cruz Roja. La Policía Local también se pasa por la zona con frecuencia. Puedes traer tu caña para pescar un rato. Las mascotas y plantar una tienda de campaña están totalmente prohibidas.
Cómo llegar
Una línea de autobús te deja aquí directamente desde Palma. Resulta una opción muy cómoda para evitar el dolor de cabeza de buscar sitio para el coche.
Hay zonas de aparcamiento habilitadas. Se llenan rápido. La ocupación en los meses de calor es altísima y toca dar bastantes vueltas por las calles cercanas a la cala.
El puerto deportivo más cercano para las embarcaciones se encuentra en el Port d’Andratx.
Foto: Olaf Tausch, vía Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
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