Bajas por una escalinata de piedra interminable. Y al llegar abajo te encuentras una franja de 100 metros de largo por 15 de ancho que no tiene ni un solo gramo de arena. Esta cala está formada íntegramente por un lecho de cantos rodados y bolos (rocas redondeadas por la erosión). Caminar descalzo sobre ellos resulta bastante incómodo. Es buena idea meter unos escarpines en la mochila.
Hay una pared de piedra enorme justo a tu espalda. En invierno cierran el acceso por la escalera. Los desprendimientos de tierra en esta ladera son constantes y cortan el paso por seguridad.
Comodidades y accesos
Olvídate de las típicas instalaciones de playa. Aquí no hay duchas ni socorristas. Tampoco verás pasarelas de madera, el desnivel del terreno lo hace imposible para personas con movilidad reducida. Si viajas con perro tendrás que buscar otra zona. Acampar está totalmente prohibido.
Tienes aparcamientos arriba en el pueblo de Banyalbufar. Ahí mismo puedes comer en algún restaurante antes de emprender la bajada. Abajo junto al agua el equipamiento es nulo. Solo la roca viva y el ruido de los cantos rodados chocando bajo el mar cada vez que se retira una ola.
Condiciones del agua
Las olas pegan con fuerza moderada casi siempre. El fondo es de pura roca. Esto deja el agua muy limpia para meterte con las gafas de bucear. El submarinismo está muy recomendado aquí. También verás a gente pescando desde los laterales.
No hay zonas balizadas para deportes náuticos. Tampoco existen embarcaderos para alquilar material. Si necesitas servicios portuarios te tocará conducir hasta el Port de Sóller. Esta cala es básicamente una pared vertical a tu espalda y el mar abierto frente a ti.
Foto: Mirkaah, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
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