Piedras y grava cubren los ochenta metros de esta franja de costa. Aquí no hay arena. Es un tramo estrecho de apenas quince metros de ancho donde resulta raro cruzarse con grandes aglomeraciones, incluso durante los fines de semana de pleno verano.
El acantilado asoma directamente sobre el paseo de bajada. Y en un extremo encuentras un viejo embarcadero de pescadores con sus rampas gastadas. En el lado opuesto montaron una terraza con barandilla que funciona como mirador. Desde ahí puedes evaluar el estado del mar antes de meterte al agua. El oleaje suele pegar con fuerza moderada contra las rocas, por lo que conviene fijarse bien. Este tramo de la costa atrae a bastantes buceadores por la claridad del fondo y la pesca está totalmente permitida.
Hace un tiempo el Ministerio ejecutó unas obras para acondicionar los accesos. La idea era frenar la degradación del terreno y lo dejaron bastante integrado en el entorno natural.
Olvídate de buscar duchas o un puesto de socorrismo. El lugar tampoco tiene baños públicos ni zonas de deportes náuticos. Cero banderas azules. Solo funciona un pequeño quiosco balneario básico para tomar algo frente al mar. Si navegas por la zona, el puerto deportivo de Andratx es tu punto de referencia más cercano.
Intentar bajar hasta el agua en coche tiene muy poco sentido. Abajo caben ocho vehículos exactamente. Maniobrar para dar la vuelta cuando ese pequeño hueco está lleno es un problema real. Aparca arriba en las calles de Estellencs y haz el camino a pie. La bajada caminando te deja ver el mar abierto entre los pinos, una ruta que se agradece y te ubica rápidamente en la geografía de la costa un buen rato antes de llegar a la orilla.
Foto: Lucas Martínez F, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
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