Llegas por la carretera de Portals Vells. Es muy común cruzarte con grupos de ciclistas ocupando el arcén antes de alcanzar la zona. Cala Figuera pertenece al municipio de Pollença y es un tramo diminuto. Apenas mide 19 metros de largo por 6 de ancho. Una franja de arena y grava pegada a una antigua zona militar abandonada. Por los alrededores vas a ver varias rocas excavadas que le dan un aspecto industrial muy raro a este tramo de costa.
La arena y el agua
No busques chiringuitos ni papeleras. Aquí no hay absolutamente ningún servicio porque no existe urbanización alrededor. El suelo mezcla arena blanca de grano fino con cantos rodados sueltos que incomodan un poco al poner la toalla. Suele entrar un oleaje moderado casi a diario. Poca gente viene a bañarse hasta aquí. Así tienes espacio de sobra para nadar sin los agobios de otras playas con mejor acceso. El Port de Pollença es el puerto deportivo más próximo si necesitas moverte a una zona asfaltada.
La bajada a pie
Tienes 30 minutos de caminata desde el aparcamiento. El sendero bordea los acantilados y pasa directamente junto a los edificios militares vacíos. Ponte calzado deportivo cerrado. Olvídate de bajar en chanclas. El tramo final te obliga a meterte entre las rocas y es terreno peligroso donde un resbalón acaba mal. Ni se te ocurra intentar este camino con niños pequeños. Hace años la gente metía el vehículo 4×4 hasta abajo del todo destrozando el suelo. Hoy toca sudar el sendero a pie para no estropear más la zona.
Foto: Kufoleto, vía Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
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