Vas a comer muchísimo aceite de oliva. Es la base de casi cualquier plato en la isla.
Los tomates y los pimientos de la huerta tienen un sabor distinto cuando llevan horas bajo el sol balear. Y el ajo aparece por todas partes. Luego tienes el pescado fresco que sacan del Mediterráneo.
Entrantes y platos fuertes
Una comida tradicional aquí lleva un ritmo muy marcado. Empiezas con algo como la ensalada tramuntana. Lleva pimiento asado y berenjena. A veces te ofrecen sopa. Cuidado con esa palabra porque en Mallorca rara vez significa un caldo líquido y suave que te tomas con cuchara.
Después toca enfrentarse al frito mallorquín. Es un guiso de vísceras de cordero o de cerdo. Usan el pulmón, el hígado y el corazón. Lo fríen todo en la sartén junto a patatas, ajo, pimiento y bastantes hierbas aromáticas. Tiene un sabor a campo muy fuerte que echa para atrás a algunos visitantes pero que te llena el estómago rápido si vienes de caminar un buen rato.
Si prefieres marisco tienes que irte a la costa norte. Allí preparan la caldereta de langosta. Pica un poco. En los chiringuitos de la playa la gente suele pedir pescado a la sal o una parrillada marinera directamente.
Opciones sin carne y embutidos
El plato principal para evitar la carne es el tumbet. Son capas de patata y pimiento rojo. Le añaden berenjena y fríen cada cosa por separado antes de meterlo al horno con salsa de tomate abundante. Funciona estupendamente como guarnición caliente una tarde de verano.
Pero la comida más famosa de la zona es la sobrasada. Se trata de una butifarra de cerdo untuosa aliñada con pimentón. La forma correcta de comerla es sobre un buen trozo de pan payés tostado. Hay quien le pone queso por encima o la mezcla con un chorrito de miel.
La parte dulce
Casi todo el mundo conoce las empanadas mallorquinas clásicas rellenas de carne o verduras. Las originales también pueden llevar anguilas. Las versiones dulces de esta empanada se ven sobre todo en Semana Santa. El resto del año vas a encontrar robiols en los mostradores de las panaderías. Son unas empanadillas que rellenan de cabello de ángel, aunque a veces llevan queso o mermelada.
Y para acompañar un café pide un gato de almendra. Es un bizcocho tan denso y húmedo que mancha un poco los dedos al partirlo. Los cuartos son la alternativa perfecta si buscas hojaldre cubierto de azúcar glass. Comer en la terraza de una plaza tranquila es la rutina básica. No hace falta darle más vueltas.
