Manacor es la segunda ciudad con más habitantes de Mallorca. Funciona como el motor económico de la comarca del Llevant. Conducir los casi 50 kilómetros que la separan de Palma te deja en un municipio enorme que llega hasta el mar. En el interior hace frontera con Petra y Ariany. Luego están Vilafranca de Bonany y Felanitx en los límites occidentales, además de tocar Sant Llorenç. Y aquí la fama se reparte entre dos nombres propios absolutos. La fábrica de perlas artificiales Majorica lleva operando en la zona desde finales del siglo XIX. El otro gran reclamo es la academia deportiva de Rafa Nadal en la misma ciudad donde nació el tenista. Es un complejo inmenso de pistas de tierra batida.
La costa del municipio está bastante urbanizada. En el núcleo de Porto Cristo están las Coves del Drac con su enorme lago subterráneo. Atraen a gente de toda la isla desde principios del siglo XX. Las Coves dels Hams quedan justo al lado. Todo este territorio ocupa más de 26.000 hectáreas. Hace un par de décadas el censo marcaba unos 26.900 vecinos empadronados. Hoy se nota el trasiego de coches a cualquier hora del día.
Mercados y festividades
La Plaza Ramón Llull se llena de puestos al aire libre cada lunes por la mañana. Los domingos toca ir hasta Porto Cristo para ver el mercado. El invierno trae mucho movimiento a la zona. En enero coinciden la Fira d’Artesania y las celebraciones de Sant Antoni el día 17. Esa noche el olor a leña quemada de las hogueras inunda las calles del centro. Si vienes a finales de mayo verás que las Fires i Festes de Primavera se solapan casi por completo con la Mostra del Comerç i la Industria hasta la primera semana de junio. Luego el calendario salta directamente al verano. La procesión de las Fiestas del Carme saca a los barcos del puerto el 16 de julio. También celebran la Fiesta del Santo Cristo. Tienen un programa denso.
Patrimonio histórico y cultural
Empieza caminando por las calles del núcleo urbano. Verás la iglesia neogótica de Nostra Senyora dels Dolors levantándose muy por encima de los tejados bajos de las casas antiguas. Cerca queda el convento barroco de Sant Vicenç Ferrer. La basílica paleocristiana de Son Peretó es otra parada que ayuda a entender el pasado local, igual que el Museu Municipal. En las afueras sobreviven las torres de defensa medievales del Palau y Ses Puntes. También sigue en pie la Torre dels Enagistes.
Puedes ir a ver los restos arqueológicos de S’Hospitalet. Es un poblado talayótico que requiere caminar un poco por terreno pedregoso para acercarse a la base de las construcciones redondas. A nivel económico esta zona lleva muchas décadas fabricando muebles y montando piezas de joyería en talleres pequeños, una industria que acompaña a las famosas perlas.
Cuando aprieta el hambre toca bajar a la franja costera a por pescado o buscar una pastelería de toda la vida en el centro. Pide unos suspiros. Son los dulces típicos de aquí. Te los envuelven en papel de panadería corriente y te los comes por la calle mientras sigues andando.
Foto: Enric, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
Puedes llegar en autobús TIB, líneas 501, 411 y A43 — consulta la guía de líneas de autobús.
