La ves desde el mar mucho antes de pisar la isla. Es inmensa. La Catedral de Santa María de Palma de Mallorca domina toda la bahía y la gente de aquí la llama simplemente La Seu. Su construcción junto al agua fue una decisión calculada para impresionar a cualquiera que llegara en barco, marcando el territorio desde el primer instante en que la ciudad asomaba en el horizonte. Y la verdad es que la estrategia sigue funcionando hoy en día.
Los cimientos sobre la antigua mezquita
En 1229 el rey Jaime I de Aragón conquistó la Madina Mayurqa. Fiel a la costumbre militar de la época, consagró la mezquita mayor a la Virgen María. Pero las obras del templo cristiano que estás viendo ahora mismo empezaron realmente en el año 1300 bajo el mando de Jaime II de Mallorca.
El proceso de construcción fue interminable. El ábside se terminó en el siglo XIV para servir como panteón real. La torre del campanario tardó hasta 1498 en completarse. Durante todos esos siglos pasaron por allí distintas generaciones de maestros picapedreros y arquitectos. Por eso la nave central es gótica pura pero las capillas laterales tienen un aire renacentista o directamente barroco. A veces cuesta asimilar cuántas personas dedicaron su vida entera a levantar un solo muro de este recinto.
El espacio interior y el juego de luces
Entras y te sientes diminuto. La Seu tiene una de las naves más altas de Europa. Las columnas son extremadamente delgadas y se estiran hasta tocar las bóvedas de crucería, dando la sensación de que el pesado techo de piedra flota sobre un soporte mínimo. Hay un detalle estructural que justifica pagar la entrada. El gran rosetón mayor mide exactamente 12,51 metros de diámetro. Casi trece metros de cristal. Si vas alrededor del 2 de febrero o del 11 de noviembre verás el efecto que llaman «el vuit». La luz del sol entra por el rosetón grande y se proyecta justo debajo del pequeño en la pared opuesta. Se forma un ocho luminoso durante un rato y luego desaparece.
El altar de Antoni Gaudí
El obispo Campins decidió a principios del siglo XX que el espacio necesitaba una adaptación. Contrató a Antoni Gaudí. El arquitecto catalán trabajó en la catedral entre 1904 y 1914. Arrancó el pesado coro gótico del centro de la nave. Esto despejó la vista y ahora puedes ver el templo entero de un solo vistazo. Gaudí diseñó además un enorme baldaquino para el altar de la Capilla Real. Es un dosel de hierro forjado y cerámica rematado con una corona de luz. También instaló iluminación artificial nueva. Es una mezcla de materiales industriales en pleno entorno gótico, pero encaja perfectamente.
La intervención de Miquel Barceló
Las obras contemporáneas continuaron en el siglo XXI. En 2007 el artista mallorquín Miquel Barceló inauguró su proyecto en la Capilla del Santísimo. Cubrió el espacio con una gigantesca cerámica policromada que representa el milagro de los panes y los peces. Predominan los colores ocres y el azul. Todo el conjunto recuerda al fondo del mar. Es una intervención muy radical frente a la piedra antigua.
Cómo organizar tu tiempo allí
Necesitas reservarte un mínimo de dos horas para ver el edificio. La entrada general incluye el acceso a la nave principal y al Museo de la Catedral. Allí guardan varias piezas históricas de arte sacro. Los horarios cambian constantemente dependiendo de la época del año. Las visitas turísticas se paran cuando hay culto. Así que te toca mirar su web oficial el mismo día que vayas a ir para no encontrarte las puertas cerradas durante una misa.
Intenta subir a las terrazas. Caminar por los tejados entre los arbotantes te da una perspectiva excepcional de Palma y de la bahía. Normalmente hace falta reservar esta visita con antelación. Abajo en la calle tienes que fijarte en el Portal del Mirador, una entrada lateral del gótico flamígero bastante elaborada. Justo al lado está la Casa de la Almoina, el edificio que guarda el Archivo Capitular. Terminas con el cuello doliendo de mirar hacia arriba.
