A unos 10 kilómetros del centro de Artà llegas a Cala Torta. Es una extensión de arena blanca de 150 metros de largo por 100 de ancho. Espacio de sobra para garantizar una ocupación media y evitar los agobios. Aquí el entorno conserva un aspecto rústico total. Y el aislamiento se nota. Parte de la culpa la tiene el acceso. El último tramo de tierra filtra a bastantes conductores.
El entorno y el baño
Hay lo justo para pasar el día. Tienes unos lavabos y un quiosco sobre la misma arena. Ese pequeño local es toda la infraestructura hostelera de la zona. Para cualquier otra cosa te tocará volver al coche y conducir hasta el puerto de Cala Ratjada. El mar suele estar transparente. Pero el oleaje bate con fuerza moderada casi por norma. Conviene prestar atención si vas con niños pequeños. El día que fuimos había bastantes algas secas formando franjas oscuras en la orilla. Un detalle natural que encaja bien con el ambiente salvaje de este tramo de costa.
Información práctica
Gran parte del trayecto al volante es fácil. El problema llega al final. La carretera asfaltada desaparece y entras en un camino de tierra bastante irregular. Un vehículo todoterreno te facilita mucho la vida. Especialmente si ha llovido y el barro complica el paso. Dejas el coche en una explanada sin asfaltar muy cerca del agua. Acuérdate de llevar tu propia sombrilla porque no vas a ver ni un solo árbol bajo el que refugiarte. Tampoco hay socorrista. Tienes que cargar con agua abundante y vigilar tus tiempos de exposición al sol en un pedazo de costa virgen donde dependes totalmente de las cosas que hayas metido en el maletero antes de salir de casa.
Foto: Olaf Tausch, vía Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
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