Llegar a Cala Llombards es directo. Sigues los carteles desde Santanyí y aparcas prácticamente a pie de arena cruzando una urbanización de chalets bajos muy tranquila donde bastantes isleños pasan el verano y bajan caminando a primera hora con la toalla al hombro. Y eso se nota en el ambiente familiar que tiene la playa por las mañanas.
El agua apenas cubre cuando entras. Es una piscina natural perfecta para ir con niños pequeños. Tienes arena blanca muy fina en la zona central y un paisaje distinto en los extremos. Verás a mucha gente saltando al agua desde las rocas bajas de los laterales. También es buen sitio para ponerte las gafas de bucear y mirar el fondo cerca de esas paredes de piedra. Mide unos 55 metros de largo por 150 de ancho. Un espacio que en pleno agosto se queda bastante corto cuando se junta la gente que viene a pasar el día con los propios vecinos de la zona.
Servicios y entorno
No vas a encontrar restaurantes en la propia arena. El quiosco de temporada te salva si quieres comprar algo frío de beber o alquilar una hamaca para no ir cargando con trastos desde el coche bajo el sol. Tienes duchas y lavabos públicos. También hay un puesto de socorrista. El mantenimiento es constante y pasan a limpiar y vaciar las papeleras con frecuencia.
A los lados de la cala hay pequeños embarcaderos tradicionales integrados en la roca. A veces ves a alguien pescando desde ahí a última hora de la tarde. Si vienes navegando, el puerto deportivo de Cala Figuera queda a pocos kilómetros. Una opción cómoda para amarrar después.
Foto: Olaf Tausch, vía Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
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