Quedan unos 50 kilómetros desde Palma hasta llegar a este rincón del sureste. Santanyí tiene un color distinto al resto de la isla. Lo notas en las fachadas. La culpa es de su famosa piedra arenisca dorada, la misma que sacaron de las canteras locales para levantar gran parte de la catedral de La Seu. El municipio ocupa más de 12.600 hectáreas y limita por el interior con Campos y Felanitx. Luego por la costa roza el término de Ses Salines. Viven aquí unas 6.820 personas durante todo el año, aunque el tráfico por las calles del centro se complica bastante más los días de mercado.
Playas, calas y puertos
El parque natural de Mondragó protege una buena porción de la costa. Dentro caen directamente Cala Mondragó y sus pinares. Si bordeas el agua hacia Ses Salines acabas pisando zonas muy cercanas a la larguísima playa de Es Trenc. Pero la vida marinera real se ve en sitios como Cala Figuera. Los barcos siguen saliendo a faenar a diario. Y a mediados de julio, concretamente el día 16, sacan a la Virgen del Carmen en procesión por el mar. Cala Llombards y Cala Santanyí rematan el mapa de esta zona con sus perfiles de roca cortada que en pleno verano se llenan de toallas a primera hora de la mañana.
Pueblos y calendario de fiestas
Los miércoles y los sábados montan los puestos del mercado en la plaza. Es un buen momento para ver el movimiento de la gente local. El municipio agrupa varios núcleos bastante distintos entre sí. Tienes Alqueria Blanca, Cala D’Or y Calonge, además del pequeño pueblo de Llombards. Cada uno organiza las fiestas por su cuenta. En Llombards cuelgan los banderines por Santo Domingo el 8 de agosto. Cala D’Or celebra Santa Maria del Mar el día 15 del mismo mes, mientras que Alqueria Blanca y Porto Petro se juntan para San Roque al día siguiente. Calonge espera a Sant Miquel a finales de septiembre. Y el patrón general, San Andrés, cierra el calendario el 30 de noviembre en las calles de Santanyí con bastante frío ya de cara al invierno.
Religión, piedra y cerámica
Hay una iglesia anglicana funcionando en Cala D’Or para la comunidad residente. Los demás pueblos tienen su propia parroquia católica tradicional. Vale la pena subir al Santuario de Consolació. La tranquilidad que hay arriba justifica el paseo por la cuesta de subida. Abajo en los talleres trabajan la arenisca para tallar esculturas de decoración. También verás piezas de cerámica mallorquina clásica en las tiendas del centro que la gente acaba metiendo a presión en la maleta a última hora antes de salir hacia el aeropuerto.
Foto: Isiwal, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0 at).
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