Bajar la escalera de piedra tiene su recompensa. Llegas a un tramo de unos 30 metros de largo por 10 de ancho de arena fina y rocas en pleno municipio de Santanyí, muy cerca de la urbanización de Cala Llombards. Es un sitio tranquilo. Suele mantener una ocupación media que te permite disfrutar del agua sin agobios. Desde la parte de las rocas casi siempre verás a alguien saltando al mar. Y justo ahí arranca el sendero de tierra que lleva hacia Caló d’es Màrmol.
A la hora de dejar la toalla tienes un par de alternativas. Las antiguas casetas de pescadores y el embarcadero concentran a la mayor parte de los bañistas. La madera vieja de las rampas cruje un poco al pisar mientras buscas un hueco libre. Luego hay una pequeña zona de arena clara. También puedes instalarte en las rocas laterales, donde queda a la vista el hueco de una pequeña cueva. El fondo aquí es idóneo para bucear, y en el entorno se permite la práctica del nudismo y la pesca. Si llegas navegando, el puerto deportivo de Cala Figuera te queda bastante a mano.
Acceso y normativas
Desde mayo de 2017 cerraron el paso a los coches de no residentes en la urbanización. Tienes que dejar el vehículo aparcado en Cala Llombards. Caminas unos 15 minutos por asfalto. Un trayecto recto y bastante monótono hasta llegar a la costa. Pero la alternativa directa es coger el autobús de línea en Santanyí, que te deja en el primer escalón de bajada a la orilla. Limitar el aparcamiento a pie de playa fue la solución definitiva para lograr conservar el entorno en su estado original.
Foto: Olaf Tausch, vía Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
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