Llegar a Cala en Tugores exige caminar bastante. Está en la costa de Santanyí, justo a medio camino entre la Colònia de Sant Jordi y el faro de Ses Salines. Y esa distancia es su mejor defensa contra la masificación.
La playa tiene unos 500 metros de longitud pero apenas 4 de ancho. Es una franja muy estrecha. Verás tramos de arena blanca fina intercalados con zonas de piedra suelta. Las rocas delimitan los extremos del agua. Cero urbanización a la vista. Encontrarás un ambiente muy tranquilo incluso en pleno agosto. Al no haber construcciones cerca, el único sonido constante es el viento chocando contra los arbustos secos.
El tramo a pie
Toca dejar el coche lejos. Tienes por delante unos 5 kilómetros de sendero litoral que bordea varias calas antes de pisar esta arena. Es una caminata plana pero muy expuesta al sol. Lleva agua de sobra.
Muchos prefieren saltarse el paseo y fondear directamente con una embarcación que sale desde el puerto deportivo de Sant Jordi. Resulta una opción lógica si vas cargado con equipo de buceo pesado. El fondo marino de esta zona está lleno de vida para nadar con gafas y tubo. También verás gente pescando desde los salientes de piedra.
Qué esperar en la orilla
No hay lavabos ni duchas. Tampoco verás papeleras o alguien alquilando hamacas. Olvídate del móvil un rato porque la cobertura falla por esta parte del sur de Mallorca.
La orilla suele estar cubierta de posidonia seca acumulada por los temporales de invierno. No la retiran nunca. Esas montañas de hojas oscuras protegen la arena de la erosión y amortiguan las olas. Puedes extender la toalla directamente sobre ellas o buscar los claros de arena blanca. La ausencia total de curiosos hace que el nudismo sea la opción más habitual entre los que vienen a pasar la tarde.
Foto: Wikinade, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
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