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Inca: La capital del cuero en el interior de Mallorca

Todo el mundo asocia Mallorca con el agua del mar. Lógico. Pero si dejas la costa y vas hacia el interior, justo en la zona de transición donde la Serra de Tramuntana choca con el terreno llano del Pla de Mallorca, llegas a Inca. Históricamente esta ha sido la ciudad del cuero. Aquí se fabricaba el calzado que sostenía buena parte de la economía local. Hoy las calles tienen una identidad puramente urbana e industrial que contrasta por completo con los pueblos turísticos.

El rastro de la industria del calzado

Puedes ver la maquinaria antigua que se usaba en esta zona si entras al Museo del Calzado y de la Piel. Lo montaron dentro del Cuartel General Luque, un edificio de caballería enorme. Las exposiciones te dan una idea bastante exacta de cómo se trabajaba antes con las manos y las máquinas pesadas.

Y luego está la propia calle. Pasear por el centro implica cruzarse con la historia de los talleres y zapaterías. Hay que tener en cuenta que el comercio local cambia rápido. Si vas buscando una tienda familiar de calzado a medida o una boutique de diseño vanguardista de la que te hablaron hace una década, comprueba que siga con la persiana levantada antes de ir. Lo que sí se mantiene fijo en el calendario es el mercado de los jueves. Venden de todo por el centro. Mucha ropa, productos locales y bastantes artículos de piel.

Iglesias y un convento reconvertido

En la plaza principal destaca la Iglesia de Santa María la Mayor. Mezcla varios estilos arquitectónicos porque su campanario es bastante anterior al resto del edificio de piedra. Si entras, busca la tabla gótica del siglo XIV y la estatua de la virgen del siglo XV que guardan en el interior.

A un par de calles te topas con el Convento de Sant Domingo. Por fuera es un muro austero sin mucha decoración. Dentro esconde un claustro barroco que ahora funciona como centro cultural, con mucho más movimiento del que te esperas al ver la fachada. El Monasterio de les Monges es un recinto muy distinto. Lleva desde el siglo XVI albergando a una comunidad de monjas de clausura y conserva su propio patrimonio artístico en silencio.

Si tienes coche o ganas de caminar cuesta arriba, ve a la Ermita de Santa Magdalena. Es un edificio gótico medieval. Desde esa colina ves toda la extensión plana del centro de Mallorca.

Comer en un antiguo celler

En esta parte de la isla se come fuerte. Estamos en tierra de embutidos contundentes como la sobrasada y el camaiot. Pero lo que tienes que hacer para comer en Inca es buscar un celler tradicional. Son restaurantes instalados en antiguas bodegas de vino. Los reconocerás por los techos altos y la decoración rústica de madera vieja.

Pide un frit de porc o un plato hondo de arròs brut. Son recetas típicas mallorquinas de las que llenan el estómago rápido. Pídete un vino de la tierra para acompañar la comida. Igual que pasa con los comercios de piel, asegúrate de que el celler histórico que hayas elegido para almorzar sigue operando actualmente, ya que el sector de la hostelería da muchas vueltas.

Los molinos de la parte alta

Casi nadie se desvía de las avenidas comerciales para ver esto. En la zona alta de Inca quedan en pie siete molinos de viento de la época medieval. Antes se usaban para moler grano. Ahora la gente vive literalmente dentro de ellos porque los han reconvertido en casas particulares. Ver las aspas antiguas asomando por encima de un barrio residencial común es una imagen curiosa.

Desde aquí mismo puedes enganchar con varias rutas de senderismo para caminar por la naturaleza. Tienes las montañas de la Tramuntana de fondo todo el tiempo.

Cómo organizar el viaje

El trayecto no tiene pérdida. Inca está a solo 30 minutos en tren desde Palma de Mallorca si coges la línea en la estación de Plaza de España. Esa misma vía ferroviaria conecta después con otros pueblos del centro. Es un transporte muy directo que te ahorra problemas de aparcamiento.

Cualquier mes del año sirve para acercarse. Los jueves siempre hay más ruido y gente por el mercado semanal del que te hablaba antes. Ahora bien, si quieres ver la ciudad completamente llena, ve el tercer domingo de noviembre. Ese día se organiza la Fira de Inca, o Dijous Bo. Es la feria más importante de toda la isla y las calles se colapsan de puestos y visitantes.

Reserva tiempo para sentarte a comer en un celler, mirar la calidad del cuero en los comercios que resisten el paso del tiempo y terminar la tarde en el mirador de Santa Magdalena.

Puedes llegar en autobús TIB, línea 304 — consulta la guía de líneas de autobús.