Conducir por el norte de Mallorca te lleva directo a Santa Margalida. Es un municipio de raíces agrícolas donde viven unas 5.500 personas. El terreno abarca exactamente 8.479 hectáreas que hacen frontera con Muro y Llubí. Hacia el interior también limita con María de la Salut, Ariany y Petra, mientras que por la costa roza el término de Artà.
La franja litoral se divide en zonas muy diferentes. Ca’n Picafort tiene mucho movimiento turístico. El paseo marítimo es larguísimo y la playa de arena fina suele estar llena de gente a cualquier hora del día. Más al este el paisaje cambia drásticamente en Son Serra de Marina. Hay mucho menos cemento. Desde ahí puedes acercarte a zonas naturales como Sa Canova, caminando por la orilla hasta cruzar la línea invisible del municipio de Artà casi sin darte cuenta.
Cerca del mar hay historia antigua esparcida directamente sobre la arena. En la playa de Son Real descansan los restos de una necrópolis fenicia junto a s’Illa des Porros. Y un poco más hacia el interior queda el talaiot de sa Cova de ses Ninetes.
Vida local y tradiciones
Los martes y sábados por la mañana montan los puestos del mercado en las calles de la villa de Santa Margalida. Vas a ver bastante trajín de vecinos haciendo la compra de la semana. Si te alojas en la costa de Ca’n Picafort, los tenderetes se instalan los viernes por la mañana.
El segundo domingo de abril organizan la Fira d’Abril, centrada por completo en la agricultura y la ganadería mallorquina. En verano las fechas festivas se acumulan rápido. Tienes a la patrona del pueblo el 20 de julio. Unos días después, el 31, sacan las verbenas a las calles de Son Serra de Marina y Serranova. En agosto celebran la Asunción en Ca’n Picafort el día 15. Pero la celebración grande de verdad es La Beata. Cae el primer domingo de septiembre y el jaleo de gente y música en el centro dura hasta bien entrada la noche.
Gastronomía y artesanía
Pide un plato de frit de matances si lo ves escrito con tiza en la pizarra de algún restaurante. Es una receta contundente de la cocina tradicional mallorquina. También preparan unas sopes caseras excelentes. La comida de esta zona tiene un sabor muy pegado a la tierra agrícola del interior isleño.
En las tiendas del municipio venden bastantes artículos de piel. El cuero trabajado a mano es el producto estrella de la marroquinería local. Verás mucha oferta orientada al turista de verano. La economía de la zona depende hoy en día de los visitantes que pasan la temporada de calor aquí, mirando escaparates en los paseos peatonales y sentados en las terrazas frente al mar.
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Fotografía: trolvag, via Wikimedia Commons
