Caminar por la Serra de Tramuntana exige mirar al suelo. Gran parte del GR 221 transcurre sobre empedrados irregulares que los margers mallorquines construyeron hace siglos sin usar argamasa. La ruta cruza la sierra desde el Port d’Andratx en el suroeste hasta llegar a Pollença. Son unos 135 kilómetros de travesía. Y sí, vas a pisar mucha piedra.
El recorrido principal y sus etapas
La red oficial se diseñó para dividirse en ocho jornadas. Empiezas con el olor a sal en la costa y acabas en el norte de la isla, después de haber cruzado encinares y barrancos. Las primeras etapas te llevan por los acantilados pasando por las ruinas del monasterio de La Trapa. A partir de ahí el desnivel aprieta cuando cruzas zonas de bancales y pueblos como Estellencs o Valldemossa.
Un tramo clave es el que va del Port de Sóller al refugio de Tossals Verds, que te mete de lleno en la zona más alta de Mallorca. Pasarás bajo la sombra del Puig Major y el Massanella. Es una paliza de subida constante sobre roca suelta. Pero vale la pena por el aislamiento total que encuentras allí arriba, muy lejos de las playas turísticas.
Dormir en la sierra
La logística para pernoctar depende casi por completo de los refugios del Consell de Mallorca. Olvídate de la acampada libre porque la inmensa mayoría de la Tramuntana es propiedad privada. Los albergues oficiales como el de Pont Romà o el propio Tossals Verds están ubicados estratégicamente al final de las etapas clásicas.
Tienen literas corridas y duchas calientes. Además sirven cenas bastante contundentes si avisas al hacer el papeleo. Tienes que reservar tu plaza por internet con bastante antelación. En octubre o abril las camas vuelan. Si te quedas sin sitio en los refugios, en los pueblos de paso suele haber pequeños hoteles, aunque el presupuesto se te disparará. Llévate tapones para los oídos. En una habitación de treinta personas siempre hay alguien que ronca.
Desvíos y el estado de los caminos
El sendero tiene derivaciones que suman kilómetros a la red oficial. Las señales de madera con marcas rojas y blancas te indican estos desvíos. Puedes bajar a pegarte un baño en Cala Tuent. O bien tomar la variante que sube hacia el Castell d’Alaró.
El mantenimiento de los caminos es continuo. A veces te cruzarás con barreras de fincas particulares, un tema clásico en la isla. Los pasos habilitados para senderistas están marcados tras años de acuerdos con los propietarios. Si ves un botador (unas escalerillas de madera para saltar muros o vallas), úsalo y no intentes abrir las barreras grandes para ganado.
Cuándo ir y qué meter en la mochila
Hacer esta ruta en julio o agosto es una mala idea. El calor rebotando contra la piedra caliza hace que el esfuerzo sea agotador y apenas hay agua en las fuentes naturales. Apunta a la primavera o al ecuador del otoño.
El terreno destruye el calzado blando. Necesitas botas o zapatillas de montaña con una suela dura, no el típico calzado de correr por asfalto. Arriba el tiempo cambia rápido, así que un cortavientos ligero en la mochila te va a sacar de más de un apuro cuando llegues sudando a los collados.
Y aunque la ruta está balizada en casi todo su recorrido principal, la niebla baja a veces desdibuja el camino en las zonas de mayor altitud. El mapa de la editorial Alpina a escala 1:25.000 de la Tramuntana es un clásico que casi todos los habituales llevamos encima. Cuesta unos 12 euros en cualquier librería técnica de Palma y te da una visión espacial rápida que la pantalla del móvil simplemente no consigue cuando te da el sol de cara. Terminar en la plaza de Pollença con las piernas cargadas y pedir una cerveza fría es el mejor final posible para la travesía.
Fotografía: mallorca-camins.info (archive)
