Bajas por la carretera de la Serra de Tramuntana y llegas a un valle cerrado en forma de cuenco. Huele a flor de azahar. Sóller está en la costa noroeste de Mallorca y se divide en dos zonas. Tienes el núcleo del pueblo por un lado y el Port de Sóller a tres kilómetros de distancia. Es un sitio muy concreto. Aquí la arquitectura de principios del siglo XX domina las calles centrales y la montaña aísla la zona del resto de la isla.
Las huellas de los emigrantes que volvieron ricos
Muchos vecinos se fueron a Francia y América a hacer fortuna. Cuando regresaron trajeron mucho dinero y ganas de cambiar la estética del valle encargando proyectos a los arquitectos más modernos de la época. Joan Rubió i Bellver era discípulo de Gaudí y se encargó de varias obras aquí. Pasas por la Plaça Constitució y ves la Iglesia de Sant Bartomeu. Rubió le plantó encima del barroco original una fachada modernista llena de formas orgánicas. Justo al lado levantó el Banco de Sóller.
Luego está Can Prunera. Se construyó entre 1909 y 1911. Es una casa familiar que funciona como museo modernista. Al menos en la época en la que se documentó este recorrido, allí podías ver obras de Picasso y Miró junto a la decoración original de hierro forjado y madera. Comprueba si la casa sigue abierta al público antes de ir porque las gestiones de los museos cambian con los años. En verano solían montar conciertos en el jardín.
El viaje hasta el puerto
Los vagones de madera del Tranvía de Sóller llevan crujiendo sobre los raíles desde 1913. Es un trayecto de veinte minutos. Sales de la Plaça d’Espanya y atraviesas huertos enteros hasta llegar a primera línea de mar. La propia estación principal está instalada en la antigua casa de Ca’n Mayol. Desde este mismo punto sale el Tren de Sóller hacia Palma. Esa ruta es mucho más larga y atraviesa la montaña cruzando viaductos y túneles.
Al bajar del tranvía te encuentras con la bahía natural del Port de Sóller. Tiene forma de anfiteatro. El paseo marítimo está lleno de terrazas para comer pescado fresco frente al agua. Y si te interesa saber cómo se construían los barcos en esta zona, acércate al Oratorio de Santa Caterina. Allí ubicaron el Museo del Mar para explicar el pasado pesquero del municipio.
Ciencia, botánica y vida tradicional
La antigua casa señorial de Ca’n Mo alberga el Museo Etnológico de Sóller. Tienen muebles antiguos y herramientas agrícolas que explican cómo se vivía antes de la llegada del turismo. Si prefieres la botánica, ve a Ca’n d’en Prohom. Es un palacete que aloja el Museo de Ciencias Naturales de las Islas Baleares.
Lo más interesante de ese recinto está fuera. El jardín botánico reúne flora de Canarias y del Mediterráneo en un solo lugar. También puedes entrar a la Iglesia del Sant Crist de la Sang. Es un templo de estilo neoclásico. Guardan una talla de la Mare de Déu de la Victòria del año 1572. La otra pieza de devoción local es el Cristo de la Sangre fechado en 1556.
Cómo organizar la visita
Palma queda a unos 30 kilómetros de distancia. Puedes usar el coche por la carretera de la Serra o subirte a la línea 204 de autobús. El tren antiguo es la opción más lenta pero la más visual.
Como los datos de esta ruta tienen ya unos quince años, los horarios y los comercios varían. Confirma siempre en internet si los museos abren el día que piensas ir en función de la temporada.
Las oficinas de turismo son la mejor opción para pedir un mapa y preguntar qué edificios siguen visitables hoy en día. Históricamente la sede principal del pueblo estaba en la Plaça d’Espanya, abierta de lunes a viernes y con poco horario los fines de semana. En el puerto tenían otra pequeña oficina en el número 10 de la calle Canonge Oliver. Acércate a comprobar si siguen operando en estas mismas direcciones para planificar tu ruta de forma actualizada.
