Tienes Palma a escasos 20 kilómetros. Pero al llegar a Bunyola, en la vertiente sur de la Serra de Tramuntana, el asfalto rápido queda atrás. Las casas de piedra ocre se amontonan bajo la Sierra de Alfàbia. Sus calles están empedradas. Oyes hablar en catalán en la plaza mientras tomas un café. La vida va lenta aquí. Es un sitio de agroturismo donde la gente busca aislarse un poco del ruido urbano, aunque la capital siga estando ahí mismo a unos minutos en coche.
Llegar a la sierra
Ir por la carretera Ma-11A es la opción fácil. Y también puedes usar el viejo ferrocarril de Sóller. Este tren serpentea por la montaña y tiene su propio encanto para subir. Una vez en el pueblo, el atractivo de Bunyola es simplemente estar. Oler los naranjos en flor en primavera. Ver el agua bajar por las acequias de los huertos. No busques grandes monumentos porque no los hay, solo la tranquilidad estática de la Tramuntana y los patios antiguos.
Las grandes posesiones de los alrededores
Fuera del núcleo urbano hay dos fincas señoriales que muestran cómo vivían las grandes familias de la isla. Como se trata de recintos históricos cuya gestión cambia con el tiempo, confirma en internet los horarios de apertura actuales antes de organizar la ruta del día.
Agua y sombra en Alfàbia
En el kilómetro 17 de la carretera de Sóller encuentras los Jardines de Alfàbia. El lugar era una antigua alquería árabe. Aún conservan inscripciones del siglo XII en sus muros. En 1954 lo declararon Jardín Artístico. La mezcla de estilos es bastante curiosa si te fijas en los detalles. Ves especies botánicas tropicales junto a laberintos vegetales muy clásicos. Tienen unos juegos de agua que se agradecen bastante cuando aprieta el calor en verano y largas pérgolas cubiertas de glicinias.
La finca de Raixa
Tienes que retroceder al kilómetro 12 de la misma vía para ver Raixa. El cardenal Antoni Despuig transformó esta inmensa casa mallorquina a finales del siglo XVIII para darle un aire de villa italiana. Santiago Rusiñol pintó su escalinata monumental hace muchos años. Flanquean los escalones de piedra unos cipreses muy recortados y varias estatuas de corte clásico. Hay un estanque grande bajo árboles centenarios que domina la parte baja del terreno.
El bosque de la Comuna de Orient
La zona de la Vall d’Orient pertenece administrativamente a Bunyola. Aquí el terreno cambia por completo. Tienes 716 hectáreas de bosque en la Comuna de Orient. Es una extensión enorme de naturaleza agreste. Si te gusta ensuciarte las botas, hay senderos señalizados para caminar o meter la bicicleta de montaña durante horas. La roca caliza de esta vertiente también atrae a gente que hace escalada o espeleología en las distintas cuevas del valle.
Cuándo ir y qué comer
Primavera y otoño son los meses lógicos. Hace menos calor y los jardines tienen mucho mejor aspecto. El invierno también sirve. Los restaurantes del pueblo preparan platos con productos locales que sientan muy bien después de caminar por el bosque, aunque conviene que verifiques de antemano qué locales siguen operativos porque la oferta gastronómica de estos pueblos pequeños varía bastante con el paso de los años. Y tómate la tarde libre para sentarte a ver pasar el tiempo en la plaza.
