En el municipio de Manacor, muy cerca de Cales de Mallorca, hay un tramo de costa que la urbanizaciĂłn pasĂł por alto. Cala Virgili es de piedra. Y eso espanta a bastante gente. Cuando bajas y tiras la toalla sobre los cantos rodados notas que el fondo del agua es pura arena blanca de grano fino. Un contraste bastante radical. Las guĂas locales siempre marcan este rincĂłn con un nivel de ocupaciĂłn bajĂsimo. Tienen razĂłn. El agua suele estar completamente en calma y te permite nadar un buen rato sin tener que esquivar a nadie.
La zona de baño mide unos 33 metros de largo por 20 de ancho. No puedes llegar en coche. Toca caminar a travĂ©s de una finca privada llamada C’an Roig donde los dueños permiten el paso a pie por un sendero habilitado. Este mismo camino de tierra conecta con Cala Bota y tambiĂ©n te sirve para llegar a Pilota o a la propia Virgili. Para acabar en la nuestra tienes que estar atento. Hay que tomar el segundo desvĂo a la derecha en la ruta principal. A veces los matorrales secos despistan un poco en ese cruce. Durante la bajada verás una caseta de antiguos pescadores medio derruida. Ni se te ocurra entrar a mirar porque el riesgo de desprendimiento del techo es real.
Aquà no hay absolutamente nada que comprar. Cero chiringuitos. Ni lavabos ni papeleras. Si necesitas algo urgente, el puerto deportivo más cercano está en Porto Cristo. La ausencia total de asfalto y servicios mantiene el lugar intacto. Hay gente que practica el nudismo con total naturalidad en los extremos de la cala. Si te gusta el submarinismo o traes la caña de pescar, el sitio vale la pena porque ambas cosas están permitidas y el mar acompaña. La propia caminata de ida te quita las ganas de cargar con demasiados trastos. Llegas con lo puesto, dejas las cosas y te metes al agua.
Foto: Olaf Tausch, vĂa Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
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