El sur de Mallorca termina geográficamente en Ses Salines. Queda a unos 50 kilómetros de Palma. Limita con los municipios de Campos y Santanyí. Llegas allí y el paisaje cambia bastante respecto a la capital. Alrededor del año 2002 el censo local rondaba los tres mil habitantes. Hoy son bastantes más. Pero el ambiente sigue siendo puramente de pueblo. El municipio toma su nombre de las instalaciones salineras que siguen funcionando junto a la playa de Es Trenc. Es el único gran tramo de costa de la isla que se libró del cemento turístico durante el siglo veinte. Y se nota. Ves el agua totalmente transparente rompiendo sobre la arena clara.
De la sal al mar
Hay otro núcleo de población importante dentro de los límites del término municipal. Se llama Colònia de Sant Jordi. Antes sus vecinos vivían de pescar y de palear sal. Ahora es un destino de verano enfocado directamente en las familias. Desde su puerto salen los barcos hacia el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de Cabrera. Es un archipiélago protegido. Vale la pena comprar un billete para pasar el día entero viendo islotes de piedra y matorral bajo.
Días de plaza
La rutina de los locales tiene un ritmo muy marcado por los días de la semana. Los jueves toca mercado en las calles del centro de Ses Salines. Si cae en festivo no lo montan. En la Colònia de Sant Jordi prefieren poner los puestos los miércoles. Verás a la gente comprando verdura suelta.
El primero de mayo organizan una feria bastante grande. Tienen otras celebraciones a lo largo del año. En pleno invierno sacan las hogueras a la calle por Sant Antoni el 17 de enero. Para el 23 de abril la fiesta se traslada a la Colònia por su patrón. San Bartolomé cierra el calendario de verano el 24 de agosto.
Restos antiguos y platos de cuchara
La tierra daba mucho trabajo antes. La agricultura y los animales mantenían a las familias hasta que los apartamentos absorbieron la economía local. Quedan bastantes rastros de ese pasado payés y de épocas mucho más antiguas. Puedes acercarte a ver los muros de piedra de los poblados prehistóricos de Sa Talaya Joana y Es Mitja Gran. O caminar un rato cerca de la gran finca de S’Avall. También están Els Estanys de Sa Sal. Todo se ve muy árido en los meses de calor. Seco incluso.
A la hora de comer hay opciones contundentes. Las sopes mallorquines llevan verduras cocidas empapando unas rebanadas finas de pan moreno. El aguiat es un guiso espeso de carne. Te sientas en un bar de los de siempre y te pides un plato hondo de estos.
Foto: unknown, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
