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Cala d’Or: La arquitectura blanca del sureste de Mallorca

La costa sureste de Mallorca tiene una urbanización que no nació de un pueblo pesquero antiguo. Cala d’Or se trazó sobre plano en los años 30. El arquitecto ibicenco-mallorquín José «Pep» Costa Ferrer decidió construir casas blancas que no pasaran de dos plantas. Todas llevan las ventanas pintadas de un verde muy particular que a veces verás desconchado por la sal. Y funcionó. Pasear por estas calles peatonales llenas de flores te da una sensación de amplitud que es rara de encontrar en la costa balear de hoy en día.

Las cinco playas principales

Bajar al agua requiere elegir entre varias opciones de arena fina. Cala Gran es la más grande y está justo en el centro. Tiene poca profundidad. Es donde encuentras hamacas de alquiler y ese ruido constante de familias pasando el día entre chiringuitos y actividades náuticas. Si buscas escapar del bullicio puedes caminar hasta Cala Esmeralda para tumbarte bajo los pinos. Cala Ferrera tiene mucha roca alrededor y el agua es tan transparente que basta con llevar unas gafas baratas del supermercado para ver el fondo perfectamente. Quedan también la propia Cala d’Or y Cala Petita. Son más apartadas.

De la Avenida al Puerto Deportivo

Las tardes se concentran en la Avenida de Cala d’Or. Está llena de galerías de arte y tiendas de ropa. La oferta para cenar cubre todos los frentes. Cualquier guía de hace quince años mencionaba restaurantes con estrella Michelin compartiendo acera con pizzerías familiares o bares de tapas. La hostelería cambia rápido. Es mejor comprobar en internet si ese local de manteles blancos del que leíste sigue operando antes de acercarte. La noche acaba casi siempre en las terrazas con música en directo o bajando al Puerto Deportivo. Caminar junto a los yates atracados mientras intentas adivinar cuánto cuesta mantener uno es el pasatiempo habitual después de cenar.

Coches, fronteras y meses de calor

El mapa del pueblo tiene una línea invisible que lo parte en dos. La mitad de las calles pertenece al ayuntamiento de Felanitx y la otra mitad a Santanyí. Para ti esto solo significa que verás contenedores de basura distintos según la manzana por la que vayas. Conducir por aquí cansa bastante. El trazado original está lleno de calles de sentido único y rotondas que te obligan a dar vueltas si te pasas un cruce. Lo más práctico es dejar el coche en los aparcamientos públicos de las afueras y caminar. En julio y agosto cobran por aparcar en estas zonas periféricas.

El calor aprieta mucho en pleno verano. Todo está abierto y lleno de gente. Mayo y junio son meses mucho más agradables para venir. Septiembre y octubre también te garantizan agua templada sin los atascos de agosto. Solo necesitas un par de días para ver el diseño original que pensó Pep Costa y bañarte en unas cuantas calas de roca.