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Playas y calas de Mallorca lejos de las postales habituales

Mallorca tiene las playas inmensas que todo el mundo conoce. Y luego tiene esas calas donde el terreno marca de verdad los límites. Hay rincones de costa cubiertos de grava bajo acantilados verticales y calas de arena escondidas tras bosques de pinos. Vamos a ver unas cuantas opciones que se alejan del circuito masivo y ofrecen algo distinto.

La costa norte y la Tramuntana

Bajar conduciendo hasta la Cala de Sa Calobra pone a prueba los nervios al volante. Otra opción es llegar directamente por mar. Una vez allí te encuentras en plena desembocadura del Torrent de Pareis. No hay arena suave. Pisas guijarros grises y tienes paredes de piedra de más de 200 metros a ambos lados. Olvídate de buscar tumbonas o socorristas porque vienes a bañarte en un entorno salvaje con muy pocos servicios.

La Platja de Formentor queda en el cabo del mismo nombre. Aquí el agua es totalmente transparente. Hay un pinar enorme justo detrás de la arena blanca que da sombra por las tardes. En los meses fuertes de verano cortan el paso de vehículos particulares para evitar colapsos. Si logras llegar a buena hora puedes pasar el día entero bañándote y acercarte después al faro a ver la puesta de sol.

El este y el parque de Mondragó

Por la costa oriental el mar suele estar bastante más quieto. Cerca del pueblo de Santanyí tienes el Parque Natural de Mondragó. La Cala Mondragó atrae a familias enteras porque el agua apenas cubre. Cuenta con algunos servicios muy básicos camuflados entre la vegetación. Si quieres algo más rústico solo tienes que seguir los senderos de tierra. En pocos minutos llegas caminando a la Cala S’Amarador o a la pequeña Cala de ses Fonts de n’Alís.

Junto a Capdepera está Cala Agulla. Es un arenal ancho protegido por un bosque denso. Históricamente la playa contaba con alquiler de hamacas y servicios de restauración cerca de la arena. Las licencias de este tipo en zonas protegidas pueden variar, así que comprueba por tu cuenta si los locales siguen abiertos hoy en día antes de ir sin comida. Muchos bañistas aprovechan para hacer paddle surf o suben a pie a los miradores de los acantilados para ver la bahía entera.

Es Trenc y las dunas

Casi 4 kilómetros seguidos de arena fina. La Playa de Es Trenc tiene un color de agua tan azul que parece editado. Pertenece a la Reserva Natural de las Salinas de Campos y las normas son estrictas. Hay pasos delimitados con cuerdas para impedir que nadie pise las dunas y destruya el ecosistema. Los pocos chiringuitos que se montan son de madera temporal. Algunas partes de esta costa funcionan como zona nudista desde hace décadas.

Pequeñas calas en el sur y levante

Cala Llombards se encuentra por la zona de Santanyí. El agua está muy limpia y cuenta con una plataforma de roca plana que la gente usa para saltar directamente al mar.

Llegar a Cala Varques requiere caminar. El acceso para coches está cerrado para conservar el entorno. Te toca sudar por un camino de tierra a menos que fondees con un barco. Al llegar te encuentras una zona muy aislada con varias cuevas marinas para explorar nadando.

Cerca de Porto Cristo está Cala Falcó. Es un entrante minúsculo de roca y grava. Quienes van allí buscan silencio. El baño sin ropa es de lo más habitual y rara vez te cruzas con grupos ruidosos.

Un plan para cada mañana

Un martes puedes querer la comodidad total de la Platja de Palma. Ahí tienes duchas, accesos fáciles y toda la oferta de ocio a un paso. Y al día siguiente te apetece irte a la sombra de los árboles en Cala Tuent. La isla te permite cambiar de plan radicalmente. Solo tienes que asumir que las distancias en coche por las carreteras de montaña a veces engañan y te llevan bastante más tiempo del que marca el mapa.